martes, 11 de agosto de 2009

En el año 2000 Ecuador inició un proceso de dolarización con el fin de estabilizar su economía; ésta empezó el 9 de enero de 2000, cuando el entonces presidente Jamil Mahuad fijó el valor del dólar en 25.000 sucres. Este proceso acabó de implementarse el 13 de septiembre de ese mismo año, cuando los billetes y monedas en sucres dejaron de circular y se adoptó en su lugar el dólar estadounidense. Con la aplicación
completa de este programa, Ecuador llegó a ser el país dolarizado con mayor población en el mundo, aparte de Estados Unidos.

La decisión de dolarizar la economía ecuatoriana no fue un simple capricho del gobierno, sino un intento por solucionar un problema económico real. Desde la década de los años ochenta, Ecuador venía presentando dificultades económicas de diversa índole, pero, poco a poco estos problemas empeoraron, conduciendo al gobierno a incumplir el pago de su deuda externa el 31 de agosto de 1999. La decisión de dolarizar se tomó con el fin de estabilizar la economía, después de haber intentado muchas otras políticas que habían fallado.

El proceso de dolarización en Ecuador se dio de manera paulatina: durante la década de los años noventa, muchos hogares y empresas ecuatorianos reemplazaron de manera voluntaria sus ahorros y otros activos denominados en Sucres, por otros denominados en dólares; estas decisiones de los agentes privados fueron el resultado de una creciente desconfianza hacia la manera laxa como se venía aplicando la política monetaria y sus consecuentes efectos negativos sobre el valor del sucre. A partir de esta realidad, el gobierno anunció el 9 de enero de 2000 que adoptaría el esquema de dolarización, con lo que sencillamente estaba validando el comportamiento que desde años atrás venía adoptando el sector privado.

La dolarización tiene entre sus principales objetivos la generación de confianza y la búsqueda de estabilidad macroeconómica, para asegurar la reducción de los niveles de inflación y de las tasas de interés.

Es necesario tener en cuenta que al no tener una moneda propia se reduce la capacidad de las autoridades para manejar las variables monetarias; sin embargo, dado que las políticas anteriores no habían surtido un efecto positivo, el gobierno ecuatoriano sacrificó cierto grado de autonomía a cambio de lograr una mayor estabilidad, un mejor desempeño en la economía y, de esta manera, mejorar las condiciones de vida de la población.